Miércoles, 16 de mayo de 2012


Actualidad

Adiós a los miedos infantiles

Paula Ortiz

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Las fobias (miedos irracionales y específicos) y otros temores aparecen a lo largo de la vida de cualquier individuo, por lo que es de suma importancia que los padres conozcan cómo manejar estas circunstancias.

La amenaza de Prakriti Maduro

“Cuando era chiquita mi familia tenía una casa frente al mar en Chichiriviche, y allí pasábamos casi todas las vacaciones. Mi mamá era súper estricta con la protección solar, así que siempre nos embadurnábamos de 30 FPS, que era el más alto entonces, y de 11:00 am a 1:30 pm no podíamos estar bajo el sol. Un día de esos, después del almuerzo y esperando para ir al mar, tomé una siesta y soñé que estaba jugando con varios amigos en un río, que era el parque de recreo de primaria de mi colegio pero sumergido bajo el agua. El reloj marcó las 12 del mediodía y todos tuvieron chance de correr a la casa excepto una amiga, mi hermano y yo. Como estábamos en mitad del río, cuando vimos la hora ya era demasiado tarde para huir, así que presenciamos cómo una caravana de esqueletos andantes caminaba por el río y nos buscaba para atraparnos, comernos o matarnos. La verdad no sé qué querían, ¡sólo sé que había que huir! Así se reflejó la preocupación de mi mamá por los rayos solares en mí. Me lo transmitió de tal forma que yo, ya estando grande, era la rarita y me quedaba en la playa a la hora del medio día pero me cubría con una toalla. Me compraba protector de 60 FPS para la cara y 45 para el cuerpo. Yo no sé lo que es comprar un bronceador, y hasta el sol de hoy, soy tan blanca que se me pueden ver las venas a simple vista”.

Cuando el padre es el culpable

“La palabra de los padres es muy importante para los niños”, afirma la psicóloga clínica y escolar, Gisela Guánchez. Los infantes pueden manifestar temores que no son propios sino transmitidos, debido a que lo perciben desde una figura importante. Según esto, todas las reacciones que los padres tengan frente al niño van a causar una repercusión de modelaje en su conducta, por lo que la especialista recomienda la revisión de las expresiones emocionales de los padres para moderarlas y evitar respuestas exageradas que terminen por perjudicar la percepción de un niño ante determinado elemento. “Si un niño ve a su mamá saltando y gritando por una cucaracha, puede crear una fantasía de poder en el animal que realmente no existe”.

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Barnabas vs. Gerardo Soto

“Cuando tenía como cinco añitos, pasaban por televisión una serie que se llamaba Barnabas Collins. Ya no recuerdo mucho las imágenes, pero el protagonista era un vampiro adinerado que, por supuesto, le chupaba la sangre a la gente mientras ésta dormía. Yo le tenía pánico, pero nadie lo sabía; mi sufrimiento era en solitario (snif), pero si les decía algo no me dejarían ver tele y, a pesar de todo, me gustaba mucho. Al acostarme me arropaba con mi cobija por completo y además usaba una franela o suéter y me lo amarraba en el cuello. Era la única manera en que podía dormir. Soñaba mucho con los vampiros, eran pesadillas horribles, en las que estos me perseguían por mucho rato y cada vez que me iban a morder me despertaba sobresaltado y ya no podía volver a conciliar el sueño. Superé ese trauma cuando, ya estando más grande, una vez me disfracé del Conde Drácula. ¡Tenía una gran capa y con unos colmillos fantásticos! Me divertí tanto persiguiendo a los demás para morderlos que las pesadillas se fueron. Comencé a ver a los vampiros como algo cómico y ahora soy un fanático de las películas, series e historietas sobre ellos. ¡Me encantan! Aunque aún me tapo el cuello… por si acaso.

Si quieres recordar esta serie o conocerla y asustarte como Gerardo visita:

http://bit.ly/ag90bz

http://bit.ly/zbqSy

Orientación marca ACME

Los padres deben saber limitar lo que sus hijos ven por televisión e Internet. “Hay imágenes mediáticas, que no son reales, y que pueden afectar la sensibilidad de los niños”, comenta la psicóloga clínica y escolar Gisela Guánchez, aunque admite que la vulnerabilidad ante determinados estímulos varía según el individuo. Sin embargo, se debe tener presente en qué medida afecta la edad: generalmente un niño menor de 7 años no tiene la concepción cognitiva de la muerte, por lo que pueden ser susceptibles a tener conductas de riesgo luego de ver que los personajes de las comiquitas caen al vacío o les cae un yunque encima y no sufren daños. Sin embargo, esta inminente exposición debe ser tratada inteligentemente. La recomendación es que los padres ofrezcan explicaciones para que el niño logre discernir la realidad de la fantasía, entender las consecuencias reales de los actos y reconocer los personajes ficticios.

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El trauma lluvioso de Luke Grande

“A los ocho años estudiaba y practicaba natación en el Colegio San Ignacio. Una tarde se desató un fuerte aguacero y, antes de que los relámpagos rayaran de electricidad el cielo, nos sacaron de la piscina y resguardaron en el gimnasio, pero por la abertura entre el techo y las paredes entró granizo. Luego de un estruendoso trueno, las risas dieron paso a gritos aterrados pues se desplomó el techo machihembrado y cayeron enormes y filosas lajas. El profesor de natación gritaba `péguense de las paredes´, pero alumnos y representantes se amontonaron de golpe en la única salida del recinto. Yo me escabullí gateando entre las piernas de la turba. Desde ese día comencé a padecer de pánico a la lluvia. Apenas se nublaba comenzaba a temblar y al oír truenos empezaba a cerrar todas las ventanas del apartamento y hasta me metía bajo la cama de mis padres. Si andaba en la calle y llovía, repetía frenéticamente la canción "San Isidro Labrador, quita el agua y pon el sol". Mi madre me envió a una psicóloga infantil. Luego de varios dibujos y no sé qué terapia, estaba listo para resolver mi problema: debía enfrentar a mi madre y decirle que la odiaba por haberme abandonado aquel día. Ella me explicó que al ver que yo estaba bien y fuera de peligro se ofreció a trasladar a la clínica a varios muchachos que fueron alcanzados por los fragmentos del techo estallado, entre ellos mi hermano mayor, que recibió puntadas en la espalda. Sólo habiendo comprendido todo esto, superé mi trauma y a partir de ese momento hasta el sol, o la nube, de hoy, me relajo con ese olor a tierra mojada que precede a la lluvia y confieso que hasta he bailado bajo algún chubasco cantando "I'm singing in the rain"

Terror que deja huella

Las experiencias traumáticas pueden desarrollar conductas de evitación ante cierto fenómeno y, por la necesidad de conseguir explicaciones, los niños responden vinculando estos sucesos a un responsable. Normalmente, esta culpa racionalizada recae en los responsables de su seguridad: los padres. En este caso, como en cualquier situación problemática, la psicóloga hace una invitación a la conversación: “que el niño pueda comunicar sus emociones en relación al hecho sin inhibirse, y que los padres sepan entenderlas y respetarlas, es importante”. “Los hombres no lloran” o “no tengas miedo” son frases que deberían erradicarse del vocabulario paternal sin distinción de sexo.

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Los fantasmas de Elaiza Gil

“A los 8 ó 9 años, éramos un grupito de amigas que estudiábamos en el colegio de monjas La Concepción, donde había un lugar que se llamaba “la casita”. Allí nos metíamos a jugar la ouija. Invocábamos más que nada a la abuelita de una de las amiguitas y jurábamos que nos salía, escuchábamos ruidos y por supuesto todas seguíamos jugando porque si una decía que no quedaba como la miedosa. Yo hasta el sol de hoy no sé si las cosas se movían de verdad, pero hubo un momento en que nos descubrieron porque ninguna dormía, teníamos pesadillas y los representantes tuvieron que intervenir. Ahora yo no veo películas de fantasmas, ni de la ouija porque le tengo mucho respeto a eso. Cuando yo estoy en un lugar y comienzan a hablar de muertes y apariciones me muero de miedo. Es mi pánico más profundo.

Quizás era más show nuestro pero cuando yo estaba en mi cuarto en la noche, además de que soy miedosita y ya la oscuridad me pone nerviosa, pensaba que la abuelita de mi amiga me iba a salir de noche. Después que nos cacharon las monjas y nos regañaron, se armó todo un lío y no jugamos más, pero si hoy me hablas de la ouija, todavía le tengo pánico”.

Miedos que se repiten

Alrededor de los 9 años, cuando la imaginación está en pleno desarrollo, los niños atraviesan una etapa de temor a los fantasmas. “Esto también hay que conversarlo y hay que explicarles que hay creencias, religiones y fantasías y que en realidad eso no existe”, dice la psicóloga y explica no se deben desvalorizar estas creencias, sino aclararlas.

El tan popular temor a la oscuridad es esperado a la edad de 3 ó 4 años y normalmente está vinculado con temor a fantasmas, a monstruos o a que algo salga del closet. La psicóloga aconseja preguntarle al niño qué implica el miedo, acompañarlo al cuarto y demostrarle que no hay nada de temer en él. Si bien no se debe dejar la luz del cuarto prendida, se puede utilizar las lamparitas que se enchufan, o dejar una puerta abierta por donde se meta cierta iluminación. Cuando este momento llegue, se podría incentivar al niño a hacer dibujos del “ser tenebroso” o a conseguir un objeto conciliador o acompañante que lo haga sentir cómodo en momentos de ansiedad. Sin embargo, se debe evitar que estas conductas tranquilizantes continúen siendo necesarias en su crecimiento.

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Me asusta pero me gusta

Esta conducta paradójica, de enfrentarse continuamente a un estímulo al que le temen, se aprecia mayormente en niños ansiosos. “Muy en el inconciente de ellos hay un deseo de curiosear, de acercarse al objeto que les produce tanto miedo, pero también hay una necesidad de escape”, analiza la psicóloga Gisela Guánchez. Esta complejidad de la psique humana, que en algunos momentos se mueve hacia adelante y en otros hacia atrás, debe combatirse con el acercamiento progresivo al estímulo que provoca el miedo. Por ejemplo, ilustra la especialista, si un niño tiene un trauma porque un perro lo mordió, puede relacionársele, poco a poco, con perros de menor tamaño, pero si el miedo incapacita al niño, debe asistirse a un especialista.

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Miedo Normal

La mente humana es muy compleja, pero existen temores que pueden ser calificados como respuestas evolutivas normales. Es por esto que se espera que los bebés se sobresalten ante ruidos fuertes, que, entre los 7 u 8 años, el miedo a los animales agresivos y a las mordidas aparezca, y que, ya entrada la adolescencia, el miedo se vaya sofisticando hacia el temor al rechazo y a la burla de otros.

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Richard
Me parece muy interesante el articulo
07/02/2011 07:06:38 p.m.
 (Foto: Archivo)

(Foto: Archivo)

 (Foto: Archivo)

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