MI4: Divertida y extrema... como siempre
Ethan Hunt (el ya establecido Tom Cruise)
regresa cinco años después de la última película, luego de una espectacular
huida de una cárcel rusa, para aceptar una nueva misión que, sorpresivamente,
termina por dejarlo sin la protección de la Fuerza de Misiones Imposibles
(FMI). Con un equipo -tanto humano como técnico reducido (formado por Paula
Patton, Simon Pegg y el recién incorporado a la saga Jeremy Renner), y sin un
plan, deberán no solo limpiar su nombre, sino salvar al mundo de una guerra
nuclear.
Una historia dinámica y entretenida cuyo ritmo
a veces fluctúa, pero que pareciera tener una historia diferente cada vez que
el equipo abandona una ciudad y se enfrenta a un nuevo obstáculo. El humor, de
buen gusto, tiene una cabida aceptable e inesperada, pues aparece en los
momentos más tensos y se roba varias risas durante las 2 horas y cuarto (casi) de
duración de la película.
La franquicie, como ya se ha vuelto costumbre,
ofrece ahora una película totalmente libre, sin un manual de estilo y con un
muy reducido vínculo con las demás historias (especialmente una, un tanto
forzada, referida a la vida personal de Hunt).
La saga cinematográfica que Brian de Palma
iniciara en 1996, basada en la serie de televisión homónima de los años 60,
recibe ahora a Brad Bird en la silla de director durante su 4ta entrega: Misión
Imposible, Protocolo Fantasma. El salto de Bird (Ratatuille, Los increibles),
del cine de animación en el que venía trabajando, a los actores reales, no le
opaco el espíritu que aboga por que todo es posible. Una serie de gadgets
impresionantes, un prototipo de BMW con el que solo podríamos soñar, un
maravilloso viaje -que incluye Moscú, Dubai, Mombay- y la valentía incomparable
de Ethan Hunt, a veces se tornan inverosímiles, pero igual no importa. Uno sabe
que eso es lo que va ver y uno espera que el “qué más podría pasar” llegue tan lejos como pueda y no decepcione.