Es una pregunta que siempre
surge cuando, como es el caso de hoy, estamos participando en unos comicios, en
los cuales el futuro de Venezuela podría estar en juego. Las respuestas siempre
son variadas. Para algunos, el artista se debe a un público y no le estaría
dado asumirse públicamente a favor de ningún color partidista. Pero hay quienes
consideran, no sin cierta razón, que por encima del artista está el ciudadano,
una condición que nunca debe olvidarse ¿Acaso no se ha dicho hasta la saciedad
que el hombre es un animal político? Y es aquí donde el actor, la actriz, el
cantante, el músico, el cineasta, el teatrero, o cualquier otro miembro del
mundo del espectáculo, deciden, con convencido entusiasmo, asumir ese derecho y
hacerlo valer. Así, vemos a algunos astros tomar la prerrogativa de ser una
figura popular para levantar su voz proselitista, quizás recordando aquella
hermosa estrofa de la canción del gran Horacio
Guaraní: “Si se calla el cantor, calla la vida”. Hoy una
significativa parte de la población estará participando en una jornada decisiva
para el futuro de Venezuela. Hablamos de las elecciones primarias, donde se
elegirá al abanderado de la oposición, una cita que por sí misma nos señala el
valor de la democracia, atributo que jamás debe perder un país.
La historia habla de luminarias que luego de conocer los
laureles como estrellas, han pasado a formar filas en la política. Un caso
emblemático es el de Ronald Reagan.
Entre las mujeres, recordemos a Shirley
Temple, quien desempeñó una eminente trayectoria en el servicio exterior de
su país. Venezuela no ha escapado de esta tendencia y en las elecciones de hoy
hay una figura que hasta hace poco fue una de las galanas de la TV, aunque si
bien se retiró de la pequeña pantalla en pleno éxito, no se desligó totalmente
del oficio pues ha continuado en las tablas: Fabiola Colmenares ha
demostrado temple, seguridad y seriedad en lo que hace. Se la ha visto montada
en un escenario, distinto al artístico, haciendo vida política, con garra y
pasión. Ella salió (¿despedida?) de Venevisión
tras alzar la voz contra el cierre de RCTV.
Iba a protagonizar una telenovela y el hecho cortó esa posibilidad. Se dice que
la pusieron a elegir y ella decidió ejercer como ciudadana y defender derechos
democráticos que, considera, se están vulnerando. Fabiola es actualmente
directora del movimiento Voluntad Popular y hoy la vemos de regreso al ruedo de
la política. En sus diversos discursos la hemos visto y no dejamos de recordar
a Evita Perón -marcando las distancias políticas, por supuesto-, con los brazos
alzados y la voz temblorosa, exclamando su oferta electoral. Ha prometido,
además de luz, agua, vías de comunicación y otros servicios públicos, un gran teatro para Vargas, consciente
de que la diversión sana es necesaria para el pueblo.
En los conciertos de “Paz sin
fronteras”, liderados por Juanes,
junto a otras figuras de prestigio, fuimos testigos de cómo el potencial de un
artista no debe reducirse únicamente al cerrado espacio de un teatro, sino
usarse para llevar mensajes que beneficien al mundo. Los artistas y los
creadores son los vectores de la diversidad cultural y pueden influir de forma
esencial en el desarrollo de la sociedad, pues poseen esa sensibilidad que los
acerca a la masa. Por ello, jamás deben olvidar su condición de ciudadanos.
Fabiola ha sabido usar su popularidad, desplegándola como vínculo para llegar
al pueblo. ¡TAPADA LA OLLA!