Jueves, 23 de febrero de 2012


Firmas

Fósiles y telepatía

Gabriel Torrelles / gabriel@gabrieltorrelles.com / @anarkyo

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Esto lo escribí hace un año

Hoy desperté convencido de que, con todo lo que está pasando a mi alrededor, se me va a hacer muy difícil sobrevivir a mi condición de fósil.  Lo más triste de todo es la crueldad del relativismo con la que alguien de mi edad tiene que empezar a verse a sí mismo. Porque ser un fósil a los 32 años no está fácil, aunque resignarse a ello, en mi opinión, es un millón de veces más digno que resistirse.

La culpa la tiene esa irreversible obsesión de la juventud por todo lo que se mueve, desde los carros hasta las lucecitas celestiales. Tampoco es que todos ustedes sean así, pero sí todos a los que les aburre leerse esto completo, que son bastantes y que además no critico, ya que muy en el fondo los entiendo: fastidia construir oraciones únicas si hay imágenes que dicen lo mismo mejor que uno.

Últimamente ando en la búsqueda de admitir este nuevo paso en la evolución: un tipo de relación interpersonal en el que se habla menos y si bien no se hace tanto, pues se muestra más. La ando cazando porque creo que hacia allá van los tiros y que es recomendable comprender esto que está pasando antes de que termine de convertir en obsoleta la forma en la que me gano la vida.

La verdad es que ustedes, muchachitos ultra-post-racionales, van encaminados y sin remedio a mandarse fragmentos de películas románticas por mensajería instantánea en lugar de escribirle a alguien que el mundo entero se ilumina cuando ven su sonrisa. Ustedes, que son un emoticón viviente, un menú de fotografías, caritas y videos que comunican estados de ánimo y demandas emocionales, tarde o temprano van a olvidarse de la poesía tal como la conocemos actualmente. Y me gustaría creer que se trata de algo positivo esto de adaptarse a los tiempos, como si limitando paulatinamente el uso de palabras estuviésemos evolucionando a un paraíso telepático y no a un mundo primitivo, barbárico, entre tanta modernidad. Pero lo cierto es que no lo sé y tampoco me preocupa.

No hay nada de malo en ser uno de esos fósiles que andan tratando de inventar algo tan absurdo como un poema telepático.

Y eso, por más inútil que sea, al menos a una persona nunca dejará de hacerla sonreír.

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