Así, en plural, hay que referirse a la cantidad de cambios y separaciones que debemos afrontar los humanos a lo largo de toda nuestra vida; porque, aun cuando no nos demos perfecta cuenta de ello, constantemente vivimos “cambiando de piel”, tal como lo hacen algunos reptiles.
Póngase usted
a pensar por unos instantes y verá cómo encuentra fácilmente eventos de esa
clase en su propia historia. ¿Recuerda por ejemplo, aquel juguete que se dañó
cuando tenía cinco años y que le hizo llorar desconsoladamente? ¿Y qué decir
del colegio que tuvo que abandonar a causa de una mudanza familiar? ¿O el
barrio al cual se había acostumbrado por años y donde conocía a casi todo el
mundo? ¿No fue triste acaso dejar la casa paterna para trasladarse a otra
ciudad, otro país o tal vez, tan solo para hacer una familia por su cuenta?
Fíjese cómo
en esta breve revisión ya hemos dado con una serie de adioses que por más que
nos puedan parecer indeseables o incómodos, son indudablemente necesarios.
Las
despedidas se necesitan para ayudar al crecimiento emocional de los individuos
que se enfrentan a ellas y solo quienes padecen de ansiedades neuróticas buscan
evitarlas a toda costa, pagando el caro precio de enfermar el sistema que
quieren preservar.
Por supuesto
que no es nada grato ver partir a los seres queridos, o alejarse uno de las
personas conocidas; pero las situaciones vitales así lo imponen y hay que
aprender a manejar el dolor que cada adiós implica.
Saber afrontar
las separaciones nos ayudará a sanar más rápidamente las heridas que ellas nos
causan, quedándonos como saldo un monto de salud y alegría para disfrutar de
los agradables reencuentros, que también vienen incluidos en el paquete.
De modo que,
si tiene que decir adiós, hágalo de la mejor forma posible. Llore si es preciso.
Despídase de cada etapa de su vida, aceptando que el cambio es útil para su
desarrollo personal y al final verá cómo la libertad y la salud serán su mejor
recompensa.
DIVÁN
Pregunta
Un joven universitario, consulta
sobre angustias que le asaltan cada vez que piensa en el futuro y en lo que se
espera que haga en él. Algunos de sus amigos y familiares, le reprochan su
actitud con afirmaciones de que es un “enrollado” y que lo que importa es el
presente y nada más. Le piden dejarse de tonterías y que “todo fluya”.
Respuesta
Las preocupaciones por el futuro
son elementos constantes en los seres humanos. Esa es la razón por la que
existen tantos pronosticadores, pitonisas y clarividentes, a los que la gente
consulta para conjurar sus ansiedades. A tu edad, y con la situación de
incertidumbre en que se vive actualmente en el país, no parece que tales
preocupaciones sean tontas, ni que vayan a desaparecer solo porque decidas
cerrar los ojos a la realidad. Trata de enfocar tus esfuerzos a planificar cada
paso que das hacia una meta prevista. Pon tu mejor esfuerzo en lograrla y
conviértete en el conductor de tu vida. Las cosas no fluyen por sí solas. Hay
que motivarlas y trabajarlas.
Saludos
C.L.