Miércoles, 16 de mayo de 2012


Firmas

Tokyo ya no nos quiere

Gabriel Torrelles gabriel@gabrieltorrelles.com @Anarkyo

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Estoy obsesionado con las drogas para borrar la memoria desde la primera vez que me rompieron el corazón.

No sé cuánto daño cerebral me he causado voluntariamente desde entonces, pero sí que ha sido demasiado y poco efectivo. Siempre olvidé a la chica, no lo que me hizo. Y yo era de los que creía que cuando se trata de olvidar, lo que se quiere es hacerlo por completo para no acumular cicatrices sin nombre, que no por carecer de culpables identificados, se lamentan menos. Ya sabes, como esos misteriosos moretones que si bien no sabes de dónde han salido, no puedes negar cuánto duelen.

Hace un buen tiempo leí en la revista Wired  que andaban desarrollando una droga que controla el químico que forma los recuerdos y puede borrarlos. Ese y otros artículos. Para entonces ya había sido probado en ratas, pero drogas similares siempre se han estado usando en soldados con estrés post-traumático y se asegura que no pasará mucho antes de que finalmente los recuerdos sean farmacéuticamente controlables, de la misma forma que lo son los estados de ánimo.

Ray Loriga publicó en 1999 la novela Tokyo ya no nos quiere. En ella cuenta la historia de un vendedor que recorre el mundo ofreciendo el último milagro de la industria farmacológica: una droga capaz de borrar la memoria. Desgraciadamente comete el máximo error de su profesión y usa su propio producto, lo que le obliga a vivir en un universo efímero donde mucha gente le conoce y él no recuerda a nadie. Es un libro maravilloso, pero más que eso un honesto intento de contar un relato contra la memoria que explora la tiranía implacable de las emociones, esas que no pueden borrarse.

El libro me sirve para llegar a donde quiero llegar. Que ahí va la ciencia, rauda y veloz, buscando ayudarnos a olvidar. Y que ahora que tengo la panacea tan cerca, ya no la deseo tanto. Como si a mis 33 años prefiriera recordar lo que siento y por qué lo siento, que todas mis sonrisas del futuro signifiquen lo que significan por estar después de alguna tristeza y que todo debe doler lo que tiene que doler.

Sí, eso que nos hace humanos lo aprendí la última vez que me rompieron el corazón. Nada nuevo. Lo había visto años antes en esa película de título extraño que está entre mis cintas favoritas: The Eternal Sunshine Of The Spotless Mind y también lo había visto por ahí, en una frase del primer libro de un escritor poco afortunado que conozco muy bien, aunque las pocas veces que acierta siento que lo conozco menos.

“Olvidar es la mejor manera de recordar a alguien”, había escrito. Y aunque no recuerde su nombre, no olvido lo mucho que estaba en lo cierto.

 

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Astrid
Gabriel eres lo máximo, una vez mas la partiste!
13/02/2012 03:36:23 p.m.
 (Foto: Archivo)

(Foto: Archivo)