Jueves, 23 de febrero de 2012


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Bailes que hicieron época

Aquilino José Mata aquilinojmata@hotmail.com @AquilinoJMata

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Hasta la llegada del rock and roll, la música y el baile en los Estados Unidos estaban delimitados por las diferencias raciales. Tanto era así, que incluso existía una lista de éxitos radiales diferenciada para cada comunidad y estilo.

Mientras los jóvenes blancos bailaban al son de las románticas composiciones de Frank Sinatra, Vic Damone o Perry Como, los chicos negros eran mucho más energéticos, al danzar al ritmo de las canciones de Luis Jourdan, Fats Domino, Joe Turner y John Lee Hooker, englobados en lo que despectivamente se llamaba “race music” o también rhytm and blues: bases rítmicas fuertes y letras directas, en las que no se andaba con tapujos cuando de aludir al sexo se trataba.

El rock and roll nació a principios de los años cincuenta en los Estados Unidos y el que estableció la palabra para definir el nuevo ritmo fue un disc jockey de Cleveland llamado Allan Freed. Todo ocurrió cuando el avispado locutor empezó a pinchar en su programa de radio algunos de los mejores “race records”; con tanto éxito, que la emisora le concedió un nuevo espacio, que Fred llamó Rock and roll party.

Era imposible quedarse inmóvil escuchando el rock and roll: sus fuertes y acentuados golpes casi obligaban a los jóvenes a levantarse y a moverse, tanto si estaban en una sala de baile, como en un cine o en sus propios dormitorios. El baile del rock and roll poseía un atrevimiento y una energía sexual no vista hasta entonces. La importancia dejó de residir en los pies para trasladarse a los pasos en el aire. Los bailarines se movían de un modo provocador. Las chicas colocaban sus piernas alrededor de la cintura de sus parejas o se deslizaban entre sus pies. Los bailarines danzaban, literalmente, por encima, por debajo y alrededor de sus parejas y giraban utilizando sus cuerpos por completo: era sensual, atlético y estimulante.

American Bandstand

En su libro “Un siglo de baile”, Ian Driver destaca lo siguiente: “la industria del ocio, al darse cuenta que el rock and roll era algo más que una moda pasjera -y una rebelión de la juventud-, que iba a permanecer, se propuso dignificarla. Desde el principio, películas como “Rock Around The Clock”, “Don’t Not Krock The Rock” y “The Girl Can’t Help it” (todas de 1956) ayudaron a satisfacer el apetito del rock and roll en EE.UU y en Europa, pero sin ninguna duda la mayor influencia en la difusión de su popularidad fue el programa televiso de Dick Clark, titulado American Bandstand (…) el público no se encontraba aislado en el plató, sino que la cámara se movía para filmar as los jóvenes que bailaban, y muchos de los que asistían regularmente se dieron a conocer en todo el país. Cuando las parejas bailaban la última canción, que siempre era lenta, los espectadores miraban si se había producido algún lío amoroso y se fijaban en sus favoritos para observar el vestuario y el peinado que llevaban. Bailar era el corazón del programa”.

Aquí en Venezuela, la fiebre no se hizo esperar y los jóvenes de mediados de los años cincuenta, en una Caracas que ya perdía su toque provinciano para convertirse en moderna ciudad, alternaban este revolucionario baile con otros muy de moda para la época, como el chachachá, la guaracha y el bolero, que seguía -y aún sigue- vigente.



Y entonces llegó el twist

A partir del rock and roll comenzaron a surgir, bajo su estilo e inspiración, otros bailes que, irradiados desde los Estados Unidos, sacudieron a la juventud de todo el mundo. Uno de ellos fue el twist, muy popular, que surgió a comienzos de la década de 1960. Fue difundido por Chubby Checker, un cantante negro de Filadelfia que grabó una versión de “The twist”, de Hans Ballard, en 1960 y la presentó en una interpretación única en “American Bandstand”. El disco fue una locura total y creó una nueva sensación de baile.

En el twist no existían pasos preestablecidos y el movimiento básico era un enérgico giro de la cabeza y los pies. Fue uno de los primeros bailes que se podían bailar sin pareja, por eso pudo ser al mismo tiempo sensual y moralmente aceptable, lleno de vitalidad juvenil o más tranquilo, en el caso de bailarines de más edad.

Gracias a su gran popularidad en todo el mundo para público de todas las edades, el twist fue visto como un sustituto del rock and roll. Los beneficios comerciales fueron inmediatamente aprovechados por las salas de baile y la industria de la moda. Este éxito se debió en gran medida a la publicidad. Ninguno de los bailes que lo reemplazaron a partir de 1965 pudo igualar su impacto.

En Venezuela la fiebre del twist fue tan grande, que los jóvenes de mi generación acudíamos a las salas de cine a ver las películas de Chubby Checker, únicamente para esperar las escenas musicales y levantarnos a bailar en la oscura sala al compás del contagioso ritmo.

Inevitablemente el twist engendró numerosos bailes similares. El trabajo de los pies cesó y los movimientos de los brazos compensaron los de las caderas, que cada vez eran menores. En esta onda, surgieron el surf, el big sea y el thunderbirds.



Pop & Rock

Posteriormente, las bandas de rock que emergieron en la década de los sesenta, no lograron producir un estilo de baile particular, pues la gente las seguía en función de las actitudes rebeldes que marcaban, en las cuales se entrelazaban política, sexo e irreverencia.

Las bandas de rock no ofrecían sólo música de baile. El sonido británico, que dirigió la época, reclamaba la expresión física, pero esta podía ser única y personal, como los ídolos que la habían creado. Durante este tiempo, los bailarines dejaron de imitar estilos y creaban sus propias coreografías. En este ambiente, dejaron de tener valor los rituales tradicionales del baile social. Se podía bailar durante el tiempo que uno deseara. Si uno abandonaba la pista, era muy comprobable que cuando volviese aún sonara la misma canción. No se bailaba con pasos específicos, cada uno improvisaba sus propios movimientos según su respuesta a la música.

Las discotecas caraqueñas, templos de la diversión como El Hipocampo, El Hipopótamo, La Morocota, La Potiniére, La Jungla y la Blow Up, entre muchas otras, acogieron esta forma de bailar, aunque no de  manera absoluta, pues se alternaba con otros ritmos más románticos, como las baladas británicas de Lulú, Clift Richard, Mary Hopkins y Petula Clark y el candeloso sonido Motown, que encarnaban luminarias como Diana Ross y Las Supremas, Los 5 de Jackson, Marvin Gaye y Los Four Tops, que expresaban a una nueva generación que le había dado renovado estilo a los estilos clásicos del baile del jazz afroamericano.



Donna Summer, la reina Disco

Hasta que a finales de la década de los ochenta surge la música disco, que rescata a las discotecas como centro de diversión. Donna Summer fue la reina de este sonido. La música era rítmica y sensual, a menudo dotada de una orquestación exuberante y siempre muy animada. Recibió la influencia de varios estilos musicales: jazz, rhythm and blues, soul, gospel y música latina. De este modo, contaba siempre con algún elemento atractivo para el público y a medida que se difundió produjo grandes cambios en el negocio musical.

Hacia 1975, con el lanzamiento del clásico “Love To Love You Baby”, de la diva Donna Summer, la música disco estaba en su apogeo y reinaba en todo el mundo, desde el Estudio 54 de Nueva York, hasta la discoteca Regine en París y la Whisky A Go Go. En esos lugares uno podía bailar toda la noche y además se aceptaba, prácticamente, cualquier conducta, mientras estuviera basada en la diversión. Hasta hubo una corriente de música disco gay, encabezada por Silvestre y The Village People. En este sentido, hay que decir que la comunidad homosexual desempeñó un papel cada vez más importante hacia la música disco, y su difusión corrió paralela a la del movimiento por los derechos de los gays.



Fiebre del sábado por la noche

La música disco acabó por convertirse en la corriente principal en 1977, gracias a la película Fiebre del sábado por la noche, cuyo héroe, Tony Manero, encarnado por John Travolta, era un joven que trabaja de día en un taller de pintura, pero brillaba por la noche en la disco de su barrio. Manero ve en su baile el pasaporte para huir de Brooklyn y al final de la película se dirige hacia las brillantes luces de Manhattan para alcanzar su sueño. La banda sonora de la película vendió más de 30 millones de copias, solamente en los Estados Unidos, con canciones de los Bee Gees, Kool And The Gangs y K.C. And The Sunshine Band.

 



Salsa brava y erótica

Ya hacia 1980, el público perdió interés por este género, ya no le producía ningún atractivo y emoción. Paralelamente, en Venezuela, la música disco cedió el paso a ritmos más tropicales, como la salsa erótica, un experimento muy comercial y altamente prescindible, que desapareció casi tan abruptamente como llegó, para dar paso al merengue de Wilfrido Vargas, Las Chicas del Can, Sergio Vargas, Bonny Cepeda y otros exponentes de ese género, que le abrieron el camino a otras nuevas formas de baile salsero, más estilizadas y sin el ingrediente poderoso de la salsa brava, que en los sesenta y setenta impusieron Las Estrellas de Fania, Rubén Blades, Willie Colón, Héctor Lavoe, Celia Cruz, Cheo Feliciano, Larry Harlow y otros más.

Esta nueva forma de salsa, la erótica, con menos energía bailable que su antecesora, precedió a la que, en estos recientes años, llegó en las voces de Gilberto Santarrosa, Rey Ruiz, Jerry Rivera, Marc Anthony, nuestro Oscar D’ León y Olga Tañón.

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