Miércoles, 16 de mayo de 2012


Firmas

Sin corazón

Gabriel Torrelles gabriel@gabrieltorrelles.com @Anarkyo

Imprimir Imprimir Enviar Enviar Comentar Comentar Valorar esta nota:
Valoración actual: 5 (3 voto(s))

Escucha a Gabriel en La Mega FM todos los sábados a las 7 pm.

Craig Lewis, de 55 años, estaba muriendo de una afección cardiaca la cual le provocaba la acumulación de unas proteínas anormales que le obstruían los órganos haciendo inevitable que dejaran de funcionar. A medida que pasaba el tiempo, Lewis fue empeorando hasta que los médicos le dijeron que sólo le quedaban doce horas de vida.

Billy Cohn y Bud Frazier, dos médicos del Instituto del Corazón en Texas, propusieron una solución nueva y revolucionaria: sustituír su corazón con un dispositivo similar a una turbina con rotores giratorios que en lugar de latir como un corazón genera algo así como un “flujo continuo”, de la misma manera que una manguera de jardín.

Si colocas un estetoscopio en el pecho de Craig Lewis no escucharás un latido.  Si examinas sus arterias, tampoco encontrarás pulso. Los electrocardiogramas no leen ningún tipo de actividad. Pero incluso así, un día después de la operación, el paciente se había levantado y había comenzado a hablar con los médicos. Craig Lewis no tiene corazón ni pulso, pero está vivo.

Un cortometraje llamado “Heart Stop Beating” de Jeremiah Zagar documenta el proceso de los doctores, quienes cortaron de raíz el corazón de 50 terneros y los reemplazaron con estas bombas centrífugas que finalmente salvaron la vida de un ser humano. Después de la operación, con una máquina suplantando su corazón, la sangre seguiría bombeando a través de su cuerpo, sustituyendo los latidos por una suerte de zumbido seco que en otras circunstancias serían la señal médica de que la persona está muerta.

Encontré esta historia hace un par de semanas. El primer impulso fue escribir un cuento. El argumento era que dentro de unos 50 años le habrían aplicado el mismo procedimiento médico a toda la raza humana. De repente, todos quedaríamos literalmente “descorazonados” y con nuestro pulso se irían también cosas como el amor y la tristeza. Al principio quise que se fueran completamente. Luego me pareció  genial si una versión artificial de estos sentimientos se contrabandeara como periféricos de quita y pon. La alegría y las mariposas en el estómago serían las más costosas y solicitadas. Y podríamos matar a alguien conectándole la desesperación que acompaña los olvidos, si la compráramos en el mercado negro.

“Aquel día algo le dolía en el pecho, algo como lo que queda cuando te dicen que no quieren volver a verte. Sin embargo, sabía que sentir eso era imposible. Porque no se puede extrañar lo que nunca has tenido”, comencé a escribir.

Y por un instante creí escuchar un zumbido donde antes había el latido de un corazón.

Ingrese su comentario

Importante: Está terminantemente prohibido incluir agravios, calumnias, insultos, ataques a terceros, lenguaje inapropiado o cualquier comentario discriminatorio.


Deje mensaje



 
 Security code
 
 (Foto: Archivo)

(Foto: Archivo)